Al igual que ocurre con el jengibre, la raíz de cúrcuma seca es dura, por lo que necesita una decocción (hervirse) en lugar de una infusión simple para liberar todos sus componentes:
Proporción: Usa una cucharadita de trozos de raíz seca de cúrcuma (o 3-4 rodajas) por cada taza de agua (250 ml).
Hervido: Pon el agua y la cúrcuma en un cazo. Lleva a ebullición, baja el fuego al mínimo y déjalo hervir a fuego lento durante 10 a 12 minutos.
Reposo: Apaga el fuego, tapa el cazo y deja reposar durante 5 minutos.
Filtrado: Cuela el líquido directamente en tu taza.
El «truco» imprescindible para que funcione:
La curcumina tiene una baja biodisponibilidad, lo que significa que a nuestro cuerpo le cuesta mucho absorberla por sí solo. Para multiplicarla y asimilarla de verdad, añade siempre una pizca de pimienta negra molida a la infusión (la piperina de la pimienta aumenta la absorción de la cúrcuma hasta un 2000%). También ayuda añadir media cucharadita de aceite de coco o leche (animal o vegetal), ya que la cúrcuma se disuelve mejor en grasa.